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“Creo que, pese a los angeles gran presencia de Mandela en l. a. escena internacional, aún queda mucho por decir sobre el hombre, los angeles calidad de su liderazgo y el legado que deja al mundo.  Mi esperanza es que los lectores de este libro se lleven una thought más profunda de Mandela como personality y de porqué ha sido l. a. figura ethical y política más importante de nuestra época”. —John Carlin
 
Entre el eleven de febrero de 1990 y el 10 de mayo de 1994, Nelson Mandela pasó de ser el prisionero político más famoso del mundo a presidente de su país. Fueron cuatro años acelerados y fascinantes que dieron los angeles talla humana y política de un líder excepcional. John Carlin, observador privilegiado de esa etapa, traza un emocionante retrato de Mandela en el que demuestra que se puede ser un gran líder político sin dejar de ser una gran character, y que los angeles reconciliación y l. a. convivencia son no sólo deseables sino posibles incluso en las circunstancias más difíciles.
 

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Le pregunté si él y sus amigos eran miembros del ANC. Soli, que period el único zulú del grupo, negó con los angeles cabeza. �No pertenecemos a ninguna organización política», aseguró. Entonces, �por qué los hombres del Inkatha pensaban que pertenecíais al ANC? �Porque decían que habíamos nacido en el gueto y que toda l. a. gente del gueto period del ANC. » Los cuatro chicos, Soli, Llewellyn, Aubrey y Simon, quedaron bajo vigilancia en el albergue durante toda l. a. tarde. No me priceó imaginar el miedo que habían pasado. En otra ocasión, recuerdo haber visto en el mismo barrio a un grupo parecido de adolescentes que iba en l. a. parte de atrás de un vehículo de los angeles policía al que rodeaba un grupo de dos decenas de hombres del Inkatha que gritaban y blandían machetes, lanzas cortas y porras de madera, los bastones ceremoniales que en aquella época se utilizaban para matar a los sospechosos de pertenecer al ANC. Los hombres del Inkatha estaban de un humor festivo, insultaban a los muchachos y fanfarroneaban diciendo que pronto les echarían el guante. Supliqué al policía de raza blanca que estaba al mando que no entregara aquellos chicos a los hombres de Inkatha. Me contestó que no pensaba hacerlo, pero por si acaso me acerqué a los cuatro jóvenes cuando no me veía y metí l. a. cabeza en el estrecho y oscuro vehículo blindado para que me dieran sus nombres y direcciones. Mi intención period comprobar después si el policía había cumplido su palabra, pero no conseguí nada porque los dientes les castañeteaban de miedo con tanta fuerza que eran incapaces de hablar. Siempre me he preguntado qué fue de ellos. Soli y Llewellyn lograron sobrevivir por los pelos a su pesadilla. Soli me contó que cuando oscureció llegó al albergue un individuo en una bicicleta de cuyo manillar colgaba una gran bolsa de lona azul. �Unos diez tíos se pusieron en fila y cada uno de ellos cogió una pistola de l. a. bolsa. Luego nos llevaron a empujones fuera del albergue y nos alinearon como si fuéramos a participar en una carrera. Alguien gritó “¡corred! ” y empezaron a disparar. » Simon y Aubrey murieron abatidos en el acto. Llewellyn, con un tiro en el hombro, corridoró refugio en una casa a casi un kilómetro de distancia. Soli, sangrando por su herida en l. a. nalga, corrió los siete kilómetros que lo separaban de su casa. Según me confesaron, no eran del ANC cuando los atacaron, pero pensaban afiliarse. El Inkatha period el enemigo y deseaban vengar a sus compañeros. �Esperaré mi oportunidad y mataré a esa gente», me dijo Soli. No volví a ver a Soli ni a Llewellyn. Nunca supe si habían sido asesinos o asesinados o si, a pesar de sus palabras, se habían marchado de casa en busca de una vida más tranquila. Su historia, por triste y desgarradora que fuera, period de lo más frecuente en aquella época. Para mí, escuchar relatos parecidos en los guetos de Johanesburgo —en Katlehong, Soweto, Thokoza, Vooslorus, Alexandra, Tembisa y Sabokeng— se convirtió prácticamente en una cuestión rutinaria. El modelo siempre period el mismo: los hombres del Inkatha que vivían en los albergues atacaban a los jóvenes de las casas vecinas a quienes creían —acertadamente en los angeles mayoría de los casos— miembros del ANC.

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